Por Jenny López
Xalapa siempre ha sido un organismo vivo, una ciudad que respira arte por sus poros de cantera y niebla. Se le llama con orgullo la «Atenas Veracruzana», un título que no es gratuito, sino ganado a pulso por generaciones de músicos, pintores, escritores y titiriteros que han hecho de sus calles un escenario perpetuo. Sin embargo, la reciente presentación de los nuevos personajes emblemáticos de la ciudad ha levantado una polvareda de opiniones que nos obliga a reflexionar: ¿dónde termina la innovación y dónde empieza el olvido de nuestra propia esencia?
A primera vista, las figuras son coloridas y amigables. Buscan conectar con una audiencia joven, digital y global. Pero el murmullo en los cafés de la calle Enríquez y en los pasillos de la Facultad de Artes no se ha hecho esperar: el uso evidente de la Inteligencia Artificial para su diseño ha sido percibido por muchos como una bofetada a la vasta comunidad creativa local.
El dilema del «pincel digital»
Resulta paradójico que en una ciudad donde sobran manos capaces de trazar la historia en un lienzo, se haya optado por un algoritmo para generar la identidad visual de nuestra identidad. La crítica no es un rechazo a la tecnología per se, sino al mensaje que se envía:
La despersonalización: La IA, por muy avanzada que sea, trabaja sobre patrones preexistentes. El resultado suele ser un estilo «estándar» que carece de ese «no sé qué» xalapeño, esa imperfección humana que le da alma a una obra.
El desplazamiento del talento local: Xalapa es cuna de ilustradores y diseñadores de talla internacional. Al prescindir de ellos para un proyecto de esta magnitud, la autoridad parece ignorar el capital cultural que juran proteger.
La estética del «cliché»: Los personajes corren el riesgo de verse como productos de una franquicia genérica, perdiendo la oportunidad de reflejar la mística única de la niebla, el olor a café y la profundidad de nuestra historia.
¿Evolución o atajo?
Es cierto que vivimos en la era de la inmediatez. La IA es una herramienta poderosa, pero en el ámbito de la identidad pública, debería ser un complemento, no el autor principal. Una ciudad que se vende como «la que inspira» debería, por coherencia, ser la primera en inspirarse en su propia gente.
Si estos personajes han de quedarse entre nosotros, lo mínimo que merecen es una «humanización». Que su narrativa no sea dictada por un prompt, sino por la vivencia de quien camina por el Callejón del Diamante o escucha a la Orquesta Sinfónica un viernes por la noche.
Crónica de una identidad en juego
Al final del día, los personajes emblemáticos no son solo dibujos en un cartón; son espejos en los que la ciudadanía busca reconocerse. Entre las sombras de la modernidad y las letras de nuestra historia, debemos decidir si queremos una Xalapa que se vea como todas las demás ciudades del mundo algorítmico, o una que siga oliendo a tinta fresca y madera tallada.
La tecnología debe estar al servicio del arte, no al reemplazo del artista. Porque en Xalapa, si algo sabemos, es que el alma no se puede programar.
¿Crees que la integración de la IA en la imagen de la ciudad podría atraer a un público que antes no se sentía conectado con la cultura tradicional xalapeña?
