En México, el tiempo puede significar la diferencia entre encontrar a alguien con vida o no encontrarlo nunca. Bajo esa premisa, el Diario Oficial de la Federación publicó este 25 de marzo de 2026 una actualización clave al Protocolo Homologado para la Búsqueda de Personas Desaparecidas y No Localizadas.
El acuerdo, aprobado por el Sistema Nacional de Búsqueda de Personas, no solo modifica procedimientos: busca transformar la forma en que el Estado reacciona ante una desaparición. A partir de ahora, la instrucción es clara: actuar de inmediato.
Fiscalías, comisiones de búsqueda y corporaciones de seguridad deberán iniciar acciones desde el primer momento en que se recibe un reporte. Sin esperas, sin dilaciones, bajo un esquema de coordinación obligatoria que pretende romper con inercias institucionales que durante años han sido señaladas por familias y colectivos.
La medida recoge una demanda persistente de quienes buscan a sus seres queridos: que las primeras horas no se pierdan. Que cada minuto cuente. Que la burocracia no retrase lo urgente.
En ese sentido, el nuevo protocolo reconoce lo que durante años se ha repetido en marchas, búsquedas y testimonios: las primeras horas son determinantes para la localización con vida. Ahora, ese principio se convierte en una directriz operativa nacional.
El documento también incorpora herramientas y reformas recientes para fortalecer las labores de búsqueda, como bases de datos, alertas nacionales y mecanismos de identificación, en un intento por hacer más eficaces los procesos en un país atravesado por la crisis de desapariciones.
Pero más allá del lenguaje técnico, la actualización es también resultado de presión social. Mesas de trabajo, diálogos y exigencias de colectivos, familias, especialistas y academia derivaron en un nuevo planteamiento institucional que intenta responder a una realidad urgente.
El acuerdo entrará en vigor al día siguiente de su publicación y fue firmado por la comisionada nacional de búsqueda, Martha Lidia Pérez Gumecindo.
En un país donde miles de familias siguen buscando, el reto no es solo cambiar protocolos, sino hacer que se cumplan. Porque en la búsqueda de una persona desaparecida, el tiempo no es un trámite: es una oportunidad.
















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